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La fuerza de juntarnos: movilizar recursos, capacidades y alianzas para construir sostenibilidad

Durante más de 20 años he acompañado organizaciones sociales desde las comunicaciones, la gestión financiera, la inclusión, el fortalecimiento institucional y la movilización de recursos. Cada organización y cada territorio son distintos, pero suele aparecer un denominador común; muchas conocen profundamente sus comunidades, tienen legitimidad y saben qué quieren transformar, aunque no siempre cuentan con todo lo necesario para hacerlo. A veces falta financiación; otras veces capacidades técnicas, herramientas de gestión, conexiones, tecnología, comunicación, acompañamiento jurídico o simplemente alguien que ayude a abrir una puerta.

Frente a ese panorama, la primera necesidad que suele aparecer es la económica, y es comprensible; con financiación se puede comprar maquinaria, mejorar infraestructura, contratar personas, incorporar tecnología o poner en marcha nuevas iniciativas. El dinero importa, y mucho, pero recibir recursos no equivale necesariamente a construir sostenibilidad. Sin una gobernanza sólida, capacidades para administrar, relaciones de confianza o mecanismos para vincularse con actores públicos, privados y sociales, una nueva financiación puede resolver una urgencia y dejar intactas varias de las condiciones que dificultan el crecimiento.

La experiencia acumulada me ha permitido entender que fortalecer una organización exige una mirada integral; mejorar la gobernanza, administrar mejor los recursos, construir alianzas, ampliar redes o incorporar nuevos conocimientos también abre caminos hacia la sostenibilidad económica. Movilizar recursos implica, entonces, construir un ecosistema de capacidades que permita aprovechar mejor lo que llega, multiplicar oportunidades y sostener el propio desarrollo.

De gestionar recursos a conectar capacidades

Esa mirada la venimos poniendo en práctica desde Vertiente Social, un laboratorio de innovación social que fortalece las capacidades de organizaciones territoriales. Partimos de reconocer que cerrar brechas, reducir desigualdades y sostener procesos requiere sumar esfuerzos, conocimientos y recursos que muchas veces ya existen, pero permanecen dispersos.

Nuestra metodología comienza escuchando a cada organización, comprendiendo su realidad, lo que ya sabe hacer, las brechas que enfrenta y aquello que quiere transformar; desde allí construimos una ruta de fortalecimiento y conectamos capacidades del sector privado, las instituciones públicas, la sociedad civil, la academia y personas que pueden aportar conocimiento, relaciones, recursos técnicos o económicos.

Uno de los mecanismos que utilizamos es el Banco TIE (Tiempo, Ideas y Experiencia), una comunidad que moviliza voluntariado estratégico y conecta aquello que distintas personas y organizaciones pueden aportar. El tiempo se convierte en acompañamiento y formación; las ideas ayudan a resolver problemas, mejorar proyectos, generar alianzas o encontrar nuevas rutas hacia recursos; la experiencia aporta conocimiento aplicado y mejores herramientas para tomar decisiones.

Esta forma de trabajar amplía nuestra comprensión de la gestión de recursos. El dinero sigue siendo indispensable, pero sumar conocimiento, fortalecer la gobernanza, mejorar la administración y expandir las redes puede ayudar tanto a conseguir financiación como a utilizarla mejor cuando llega; cada aporte económico, técnico o humano puede convertirse así en una oportunidad para que la organización quede más fuerte frente al siguiente desafío.

Una red de capacidades alrededor de las organizaciones

Fortalecer las organizaciones sociales resulta especialmente relevante en Colombia, donde muchas promueven derechos, hacen veeduría, facilitan la participación, acercan instituciones a comunidades y construyen respuestas allí donde persisten brechas sociales y económicas. También existen procesos comunitarios que desarrollan actividades productivas, generan ingresos y encuentran en la asociatividad una manera de mejorar las condiciones de vida; unas y otras suelen actuar como puentes entre los territorios y actores públicos, privados y de cooperación.

Alrededor de ellas existen capacidades que adquieren mayor valor cuando logran conectarse. El sector privado, además de aportar recursos financieros, acumula conocimiento sobre administración, finanzas, logística, tecnología, comercialización, gestión de personas y procesos productivos; compartirlo puede fortalecer la gestión y abrir posibilidades para reconocer a las organizaciones como proveedores, aliados territoriales o actores relevantes dentro de cadenas de valor y grupos de interés.

El sector público puede vincularlas a programas y políticas, acercarlas a oportunidades y escuchar aquello que su experiencia territorial revela sobre barreras administrativas o cuellos de botella normativos; la ciudadanía puede aportar desde el voluntariado estratégico, poniendo tiempo, ideas y experiencia al servicio de procesos que dejen capacidades; la academia puede acercar investigación, evidencia y metodologías a desafíos concretos, contrastarlas con la realidad y construir conocimiento junto con las comunidades.

Cuando la juntanza se vuelve metodología

Esta forma de conectar capacidades se hace tangible en Reconstruir la vida, una iniciativa que desarrollamos junto con la Fundación Familias de Hoz, organización con presencia en Buenaventura y experiencia directa con las comunidades. El proceso surge después del terremoto de agosto de 2026 y pone en práctica esa articulación; acompañamos el fortalecimiento de una organización territorial mientras conectamos capacidades públicas, privadas, sociales, académicas y comunitarias para responder a necesidades concretas de las familias afectadas.

La reconstrucción puede traducirse en viviendas recuperadas, acompañamiento psicosocial, recuperación de medios de vida, redes de cuidado, espacios comunitarios o apoyo técnico; cada respuesta requiere recursos y capacidades distintas, desde materiales y financiación hasta conocimiento especializado, gestión ante instituciones públicas, conexiones con empresas, cooperación y voluntariado estratégico.

Mientras esas capacidades producen respuestas visibles en el territorio, también fortalecen a Familias de Hoz para gestionar alianzas, relacionarse con nuevos actores, movilizar recursos y sostener su trabajo. Ese doble resultado resume buena parte de lo que buscamos; que la articulación atienda necesidades concretas y, al mismo tiempo, deje capacidades instaladas en las organizaciones que permanecerán allí cuando termine un proyecto.

Antes de preguntar cuánto, preguntémonos qué

Antes de salir a buscar recursos o de decidir cómo entregarlos vale la pena preguntarse qué tiene ya la organización, qué necesita para avanzar, qué capacidades debe fortalecer, qué alianzas hacen falta, cómo administrará lo que consiga y qué debería quedar instalado después de ejecutarlo; mirar la movilización desde estas preguntas ayuda a pasar de respuestas puntuales a procesos capaces de sostenerse.

La invitación alcanza también a quienes estamos alrededor de las organizaciones, desde el sector privado, la cooperación y las instituciones públicas hasta la academia, la sociedad civil y las personas que podemos aportar conocimiento, experiencia, conexiones o recursos. El reto consiste en lograr que cada aporte se integre a un proceso más amplio, fortalezca capacidades y deje a la organización mejor preparada para afrontar el siguiente desafío.

 


En América Latina seguimos necesitando más recursos para el impacto social, pero también necesitamos conectarlos mejor con las capacidades que ya existen y con aquellas que debemos construir.


 

Tal vez allí esté una de las claves de la sostenibilidad; conseguir que cada aporte  se convierta en un ladrillo que permanezca, fortalezca lo construido y permita seguir avanzando cuando ese apoyo puntual ya no esté.

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   Por: Juan Felipe Echeverry Jaramillo

Consultor en inclusión social, fortalecimiento de capacidades, comunicación estratégica y construcción de alianzas. Acompaña a organizaciones sociales, empresas y actores de cooperación en el diseño de procesos que conectan capacidades, recursos y conocimiento para generar transformaciones sostenibles. Hace parte de Fundación Vertiente Social, laboratorio de innovación social que fortalece organizaciones territoriales y articula actores alrededor del desarrollo de sus comunidades.

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